¿Por qué me cuesta tanto empezar tareas?
Sabes que tienes que hacerlo. Quieres hacerlo. Llevas horas pensando en hacerlo. Pero no puedes empezar. Es como si hubiera un muro invisible entre tú y la tarea.
No es pereza.
¿Por qué pasa esto?
El TDAH afecta las funciones ejecutivas del cerebro. Son las que se encargan de:
- Iniciación: arrancar una tarea
- Planificación: dividir cosas grandes en pasos
- Priorización: decidir qué hacer primero
- Motivación: generar el impulso para actuar
En un cerebro neurotípico, esto funciona automáticamente. En un cerebro TDAH, requiere esfuerzo consciente y a menudo falla.
El problema de la dopamina
El TDAH está relacionado con niveles más bajos de dopamina, el neurotransmisor de la motivación. Tu cerebro necesita más estimulación para "encenderse".
Por eso:
- Tareas aburridas = casi imposibles de empezar
- Tareas urgentes = de repente puedes hacerlas (la urgencia genera adrenalina)
- Tareas interesantes = hiperfoco, no puedes parar
No es que no quieras hacer la tarea aburrida. Es que tu cerebro no genera la química necesaria para empezar.
Estrategias que funcionan
La regla de los 2 minutos
Si algo toma menos de 2 minutos, hazlo ahora. El truco es que una vez empiezas, es más fácil continuar. El primer paso es el más difícil.
Body doubling
Trabajar junto a otra persona (física o virtualmente) puede ayudar. No tienen que hacer lo mismo, solo estar ahí. Hay hasta apps y streams para esto.
Gamificación
Convierte la tarea en un juego: cronómetro, recompensas, música de fondo. Dale a tu cerebro la estimulación que necesita.
Empieza por cualquier parte
No tienes que empezar por el principio. Empieza por la parte más fácil o más interesante. Ya ordenarás después.
Reduce la fricción
Prepara todo la noche anterior. Cuantos menos pasos entre tú y la tarea, mejor. Si tienes que buscar materiales, ya perdiste.
Crea urgencia artificial
- Pon un temporizador
- Queda con alguien para mostrarle tu progreso
- Trabaja en un café que cierra a cierta hora
No es pereza
La dificultad para empezar tareas no es falta de voluntad ni de motivación. Es una diferencia neurológica real.
Entender esto es el primer paso. El segundo es dejar de culparte y empezar a buscar estrategias que funcionen para tu cerebro específico.
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